Leslie Jamison, El anzuelo del diablo

Leslie Jamison, <i>El anzuelo del diablo</i>

«Está sufriendo, pero eso no significa que vaya a seguir haciéndolo para siempre, ni que el dolor sea la única forma de identidad a la que puede aspirar. […] Sufrir es interesante, pero también lo es sentirse mejor»

@lesliesierrajamison #Elanzuelodeldiablo @anagramaeditor #TheEmpathyExamsEssays @ritadacostagarcia (trad.)

❤️‍🩹 El dolor sin causa es un dolor del que no podemos fiarnos: damos por sentado que ha sido buscado o inventado. ¿Pero es el dolor sin causa menos doloroso o más doloroso? Leslie Jamison nos enseña a creer en los demás sin comprobar que lo que dicen es cierto, porque quizá la empatía es justamente poder sentir compasión sin que la realidad sea un requisito indispensable, creer en el sufrimiento del otro aunque no sepamos la causa de este, ser porosos, saber que el dolor está en todas partes y en ninguna.

El dolor es previo a su representación. El dolor es algo real, pero también elaborado a la vez. Los sentimientos también se conforman con el modo de verbalizarlos. Sentir algo no es nunca solo un estado de sumisión, también hay un proceso de elaboración. Por eso la empatía no consiste solo en acordarse de decir “debe de ser muy duro”, sino también en buscar la forma de sacar los problemas a la luz para que no pasen desapercibidos; no es solo escuchar, sino formular las preguntas cuyas respuestas deben ser escuchadas. La empatía requiere saber que no se sabe nada.

Hay dolores más llamativos que otros, pero Jamison rechaza una economía finita de la empatía: despreciar dolores por demasiado familiares o porque nos parecen trasnochados es una forma de enmascarar acusaciones más profundas. El dolor escenificado, trillado o fetichizado sigue siendo dolor.

Con Jamison me reconozco entre las mujeres posheridas, aquellas a quienes hicieron creer que el sufrimiento femenino se exagera, aquellas a quienes acusaron de sentimentalistas, y, por eso, combaten ahora el melodrama con la indiferencia y el ingenio, se niegan a dar importancia a ciertos sucesos que en el fondo sí les crean dolor, y lo expresan sobre todo con ironía. Las mujeres posheridas se han cosido a sí mismas con suturas hechas con el intelecto. Jamison nos anima a concedernos el complejo y necesario derecho a sufrir, a tomarnos en serio nuestras heridas y nuestras cicatrices. No deberíamos tener que restar importancia a nuestro sufrimiento.

El dolor es lo que nosotras hagamos de él, y podemos convertirlo en algo fértil. Me pregunto si la producción artística de las posheridas no es justamente una manera de convertir la herida en luz. Y de ahí la importancia del arte confesional: la confesión es lo contrario al solipsismo. La confesión suscita respuestas. Trasciende sus propios límites. Da pie al diálogo. Nos permite formar parte de un cuerpo colectivo público y habitar juntas el dolor y, también, el placer. Quizá rechazar el dolor es también rechazar el amor. Quizá algunas no podemos sumergirnos en el lujo de estar vivas sin pagar el precio. ❤️‍🩹

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Sobre Sonia de Luis

Me gradué en Filología Hispánica y he cursado algunos másteres y posgrados relacionados con la comunicación, la edición y el asesoramiento lingüístico. Trabajo como correctora, traductora y asesora lingüística desde hace más de diez años. He investigado sobre la despatriarcalización del discurso político. Leo y reseño en @noterminesloslibros.

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